martes, 8 de noviembre de 2011

Diálogos de uno mismo.I

Hay días en los que no puedo más. Perdida en mitad de la nada que lo es todo, me siento desconcertada, ofuscada. El inexorable paso del tiempo me ahoga con su vil soga.
No es que esté intentando que sintáis compasión por mí, pues vosotros estáis en el mismo saco que yo. Sin embargo, es posible que por fortuna, aún no hayáis sentido la opresión del quehacer cotidiano. Absurdo, vacuo, insulso. ¿Y a esto le llamamos vivir? ¿Acaso vivir es perecer ante decisiones que yo no he tomado? ¿Acaso vivir es ver caer a los que quieres, verte caer a ti mismo en el más profundo abismo? ¿Acaso vivir es no poder elegir?
El libre albedrío muere al ser pronunciado. Quimera humana, utopía anhelada.
Libre albedrío, dicen los ilusos.


Espacio, momento de respiro. Ya lo he vomitado. Ahora necesito volver a elucubrar aunque sea totalmente nocivo para mí. Realmente la ignorancia es más inocua para uno mismo que el pensar. El raciocinio me lleva a la irracionalidad. Y, tan irracional estoy siendo que me quejo por nimiedades. ¿Qué tiene de malo mi vida realmente?
Seguramente en primera instancia habréis pensado: ¡oh sí, yo a veces también me siento así! ¡Que desdicha la mía! JA!

Realmente lo sé. No me puedo quejar. Gozo de salud y bienestar, y amor no me falta. Pues cuál es entonces el causante de mis tormentos, que son como tempestades de verano? Vienen y se van tan rápido como llegaron. Ah….maldita, maldita por tener tantos ignotos recovecos.
Necesito a un Colón que descubra mis Américas, o a un Einsten que descifre la fórmula definitiva. Necesito hallar a esas personas en mí misma.
Yo tengo la llave que esconde el misterio que anhelo desvelar, y, sin embargo juego conmigo misma a burdos trucos de magia. ¿Hasta dónde tendré que ir para encontrar lo que busco? ¿Cuántas pócimas deberé tomar? ¿Cuántas pequeñas puertas deberé traspasar?
¿Es esta debacle el sentido de la vida? Un perpetuo diálogo con lo que soy, lo que no quiero ser y lo que desearía ser.

Tal vez. Quién sabe. Autorreafirmo mi existencia dejándole las decisiones al azar y a la incertidumbre. Mientras algo no sea dicho existe, una vez se pronuncia muere en la conceptualización y deja de ser libre.
mmmm… El azar… ¡Oh! gran y reluciente escudo, el azar. Me disgusta el determinismo que yo misma predetermino….ay, cuantas absurdidades y aposiciones…Yo misma elaboro el menú del día, pero sin embargo, elijo platos que no me gustan y luego me quejo por ello…Realmente descabellado.


-¿Tan tedioso ha resultado?- le pregunta ella con una leve sonrisa.
Él, con cierta cara de desconcierto rápidamente disimulada y volviendo con rapidez al mundo donde ella está, le contesta:
-No, claro que no cariño. ¿Qué te apetecería hacer ahora?

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