miércoles, 4 de enero de 2012

Cuando todos duermen escucho historias para no dormir. Acto II

"Cuando todos duermen, él deambula.
Cuando todos duermen, él observa.
Cuando todos duermen, él acecha.
Sólo en la brecha donde la luz alumbra,
estarás segura de la mano fría que se esconde entre la penumbra"

Tales palabras me fueron dichas entre susurros en mitad de la noche cerrada de luna robada.
Mi desbocado corazón apenas me permitía oír lo que aquel viejo y extraño hombre me intentaba decir pero por su expresión severa atisbé a comprender que debía entenderle.
Yo no había pedido nada de aquello. No sabía ni quién era ese hombre. Ni dónde me encontraba yo. Aquello no tenía ningún sentido, por más que intentase hallarlo.

Penumbras, luces, gélidas manos...mi cuerpo oscilaba en un ángulo peligroso, así que cerré un breve instante los ojos en busca de la quietud del espacio vacío y oscuro de mi interior...
Al abrirlos de nuevo, el excéntrico poeta viejo, había desaparecido de forma tan eficaz como si jamás se hubiese encontrado allí...y allí es donde me dejó, en mitad de un páramo cenagoso abrigado por la fría alma nocturna de aquellos que no tienen nombre.

Ciertamente no podía encontrarme allí puesto que yo me encontraba en mi alcoba, o al menos eso era apenas unos minutos antes. Tumbada, en mi lecho, esperaba conciliar una noche más con mis pecados apaciguándolos con mis sueños. Sin embargo, aquella vez mi letargo no actuó como un bálsamo dado que allí me encontraba, varada en lo que parecía la vera de un erial de desolación.

Buscar una brecha de luz...había dicho el hombre. Aquello era tan ciertamente imposible como encontrar a un pato que no fuese un pato, sino un conejo. Maldito excéntrico poeta viejo con su charlatanería chiflada y absurda! Abandonarme en mitad de todo y de ninguna parte sin más que con sus últimos y fútiles versos... 

 
Parte II-Marc


Deambulé unos segundos en mi propia búsqueda.
Tenía los sentidos aturdidos, la mente en blanco... mis pies guiados por la inercia y mis ojos desdibujados ahora en mi pálida cara buscaban incesantemente por todo el lugar, para encontrarle un sentido a todo aquello, pero nada pude ofrecerle a mi vista que me guiara hasta un lugar más reconfortante. Sólo podía tratarse de una pesadilla de donde no lograba escapar...
Me confundía la pesadez que sentía y la crudeza de mis sensaciones... tampoco conseguía aceptar que mi mente, por retorcida que probara ser, recrease con semejante desparpajo todo ese mundo austero en el que me había sumido antes de ser engullida por la cama.. esa mullida cama en medio de mi alcoba...

Resignada y embriagada por toda esa nada, anduve largo rato hacia algún lugar hasta que mi cuerpo se detuvo abatido por el cansancio y, mis ojos, pesadamente, cayeron desconsolados.... 
Sin embargo, tal vez el azar del momento, hizo que me percatara de que algo se reflejó en el cristal ondulante de aguas frías y turbias que mis pies pisaban...

REPENTINAMENTE, 
         Una brizna de luz fulgúrea destripó las nubes encima de mi cabeza como un zarpazo rasga una tela...Y, observé abrumada como el tajo que se abría encima de mí parecía querer dividir el firmamento en dos. Tras esto, el graznido de un ave, el lejano susurro de un lobo aullante y ese olor tétrico de color muerte recorrieron mi espina de forma eléctrica, erizando todo el vello de mi cuerpo.
Entre divagaciones y temblores mi mente trasnochada no dejaba de darle vueltas a las palabras del viejo loco... "Sólo en la brecha donde la luz alumbra, estarás segura de la mano fría que se esconde entre la penumbra" Pero... ¿Cómo llegar a esa brecha que había dividido la escasa seguridad que habitaba en mi interior?

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